A la hora de comprar una cámara de vídeo, una gran mayoría de usuarios suele fijarse en los detalles más espectaculares: que si dispone de grabación nocturna, que si la pantalla es más grande o táctil, que si funciona como webcam, que si incluye este u otro programa de edición de vídeo, etc. Con las espectaculares mejoras en calidad y rendimiento introducidas por las nuevas videocámaras digitales y las facilidades para la edición de vídeo que ofrecen los actuales equipos informáticos, es fácil despistarse y olvidar un aspecto realmente fundamental: la óptica. Por Xavier Tomàs

Todo lo dicho en esta introducción suena a crítica, como si la gran mayoría de videoaficionados no tuviesen demasiada idea, o como si esas funciones o características de las máquinas tampoco fuesen importantes. Pero es que, después de todo, el parque de videocámaras y el tiempo que la mayoría de usuarios las llevan utilizando no puede compararse todavía a la tradición, arraigo y cantidad de aficionados con los que cuenta otra parienta cercana como la fotografía. Por eso, en el fondo, el mundo del vídeo resulta todavía algo críptico para la mayoría. Algo más que vistosas funciones
Tal como sucede con las máquinas fotográficas, las videocámaras -digitales o no- dependen en gran medida de la calidad de sus objetivos para obtener buenos resultados. En términos matemáticos, podría decirse que la calidad estándar de imagen que ofrece una videocámara digital MiniDV se debe, en torno a un 50%, a su sensor, incluyendo aquí la electrónica de proceso correspondiente. El otro 50%, como era de esperar, puede atribuirse a su óptica.


La calidad de la óptica es fundamental para obtener buenos resultados. |
Dejando de lado todos los detalles correspondientes a la parte del captador y su circuitería, queda claro que la óptica tiene una importancia determinante en este aspecto. Así pues, el primer consejo que puede deducirse de lo dicho hasta ahora es que hay que dedicarle un momento de atención al objetivo cuando se revisan las especificaciones técnicas de una cámara.
La distancia focal
Este dato resulta primordial. En las especificaciones de una videocámara solemos encontrar una relación de números, como esta que ponemos de ejemplo:
2,8 – 50,4 mm
Con esta información en la mano, entendemos que el rango de distancias focales del objetivo de la videocámara abarca desde los 2,8 mm del angular (zoom abierto al máximo) a los 50,4 mm del teleobjetivo (zoom cerrado al máximo).
Objetivo de la Canon MV600


La inscripción en este objetivo nos informa que se trata de un zoom 2,8-50,4 mm. |
Generalmente, el fabricante facilita también los datos de la equivalencia de estas distancias focales al formato de película de 35 mm, el que se utiliza con las clásicas cámaras fotográficas SLR. De este modo, el usuario habituado a estas máquinas se puede hacer una idea más clara de la potencia de aumento de la óptica.
¿Equivalente en 35 mm?
La utilidad de la conversión al equivalente en 35 mm, a la que acabamos de hacer referencia, cobra sentido porque todas las ópticas de este formato parten del mismo sistema de referencia: la diagonal del negativo de 35 mm (24 x 36 mm).
Gracias a estas medidas de referencia común, todas las ópticas destinadas -por diseño y construcción- a este formato, pueden clasificarse y compararse con claridad. De no disponer de esta información, las distancias ópticas de las videocámaras nos resultarían algo oscuro y complejo.
Y es que es importante recordar que la función que desempeña la película fotosensible de las cámaras de toda la vida queda reemplazada por un captador electrónico, el tamaño del cual suele variar entre los distintos modelos y marcas. Algunas videocámaras incorporan sensores de 1/6 de pulgada de diagonal; otras, de 1/4, o de 1/3, etc. Si a esto le añadimos también las diferentes medidas -dependiendo del tamaño de la cámara- que utilizan los fabricantes para la construcción de las ópticas, resulta casi imposible establecer una referencia clara para clasificar el objetivo de nuestra máquina. Por todo ello, se opta por hacer la conversión al estándar de 35 mm.
Abertura máxima
Aparte de la distancia focal en milímetros, la óptica siempre lleva otra inscripción. He aquí un ejemplo de ésta, en sus dos formas más comunes:
1:1.8
f1.8
Este número indica la abertura máxima del objetivo. Si sólo aparece un valor, esta abertura se mantiene para todas las distancias focales de la óptica (desde angular hasta teleobjetivo).
Nos podemos encontrar, por el contrario, que la indicación contenga una relación numérica como, por ejemplo, esta:
f1.8 – 3.7
Entonces, se deduce que 1.8 es la abertura máxima para la distancia focal más corta (o angular), y que 3.7 es la abertura máxima para la distancia focal más larga (o teleobjetivo). Conocer la abertura máxima es imprescindible para poder valorar la luminosidad de la lente. Cuanto más bajo es el denominado número f (por ejemplo, f1.6, f1.4, etc.) más luminosa es la óptica en sus diferentes distancias focales.
Objetivo de la Sony DCR-TRV33


En este caso, el fabricante señala en el objetivo las dos máximas aberturas para angular (f1.8) y tele (f3.7). |
Las bondades de la luminosidad
Llegados aquí, no está de más preguntarnos: ¿qué ventaja tiene una mayor luminosidad? Una duda a la que podemos echar luz con otra pregunta: ¿sería lo mismo conducir de noche con unas gafas de cristales transparentes que con unas de sol?
Dicho de otro modo: partiendo de un mismo CCD, una óptica con una abertura de, por ejemplo, f2.2, nos exigirá aumentar la ganancia en situaciones en las que no sería necesario si dispusiéramos de un objetivo f1.6. La primera de las ópticas citadas, en consecuencia, nos obliga a forzar electrónicamente el sensor más a menudo y, por tanto, a introducir más ruido y empeorar la calidad de la imagen.
Cuando las condiciones de iluminación son favorables y siempre que la máquina ofrezca un control manual de la exposición, nuestras posibilidades creativas se verán reforzadas si disponemos de una buena máxima abertura. Aunque esta explicación merecería un capítulo aparte, valga decir que en estos casos podremos jugar con la abertura para disminuir el enfoque del fondo al emplear el teleobjetivo del zoom.
Cuestión de marcas
Dependiendo de la marca y la gama -baja, media o alta- a la que pertenezca una videocámara, las características de la óptica pueden variar en gran medida. Las gamas altas de Sony y Panasonic incorporan, tradicionalmente, ópticas de fabricantes reputados y conocidos como Carl Zeiss o Leica. Canon, por su lado, presume de la factura de objetivos propios de calidad, mientras que JVC, Hitachi y Samsung también desarrollan sus propias ópticas.
¿Garantía de calidad?
A diferencia de las clásicas SLR de toda la vida, con las que se puede partir de un mismo negativo y observar la diferencia real de resultados según el equipo, la mejor manera de valorar la calidad de la óptica de una videocámara es en un laboratorio de medición. Como son muchos los factores que intervienen en el procesado de imagen de una cámara de vídeo, es perfectamente posible que una gran óptica quede eclipsada por un sensor mediocre, o a la inversa. Así que, básicamente, lo más importante para valorar el objetivo de un modelo de videocámara es, por encima de todo, tener en cuenta cuáles son nuestras necesidades.
Así, si queremos grabar paisajes o tenemos especial predilección por el juego con las perspectivas, la videocámara con mayor angular es la nuestra. Si se es un fan de los pájaros o de la vecina o el vecino de enfrente, el zoom más potente será el atributo a tener en cuenta. Si, en ambos casos, el objetivo es además luminoso, ya podemos empezar a elegir cámara.
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